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“Los grandes cambios y retos en la Gastroenterología”

 

El Dr. Octavio Gómez Escudero, gastroenterólogo de la Ciudad de Puebla y miembro del Mesa Directiva de la AMG, nos hará una presentación acerca de:
“PROBIOTICOS EN PADECIMIENTOS DIGESTIVOS DEL ADULTO. ¿CUÁL VERDADERAMENTE SIRVE Y EN QUE ENFERMEDAD?”.
A continuación mostramos algunos puntos importante de su participación.

Los probióticos son microorganismos vivos que, administrados en cantidades adecuadas, confieren un efecto benéfico en la salud del huésped. La cepa (población de microorganismos que descienden de una única célula) de un probiótico se identifica con el género (grupo de especies con cualidades similares), especie (grupo de cepas que comparten propiedades estables), subespecies, y la designación alfanumérica que identifica una cepa específica. La designación completa es importante para poder asociar cepas específicas con beneficios en particular.

Prevención y tratamiento de diarrea aguda infecciosa (DAI). De acuerdo a varias revisiones sistemáticas, y metaanálisis, los probióticos reducen la duración y el número de evacuaciones en DAI. Los probióticos asociados a respuesta benéfica fueron: Sacharomyces boulardii, Lactobacillus GG, L. acidophilus, L. paracasei, L. bulgaricus, y L. casei. Varios EC tanto en niños como en adultos han mostrado eficacia y seguridad con S. boulardii, el cual se asocia a disminución de la duración de la diarrea, número de evacuaciones, riesgo y días de hospitalización. Prevención de diarrea asociada a antibióticos (DAA). La evidencia indica que la administración de cepas específicas reduce en forma significativa el riesgo de desarrollar DAA. En tres meta-análisis se ha reportado un riesgo relativo acumulado a favor de probióticos. Las cepas con mejor evidencia fueron L. casei, L. bulgaricus, Streptococcus thermophilus, Lactobacillus GG, S. boulardii, Bifidobacterias en combinación, L. reuteri, L acidophilus, L. paracasei, y B. Lactis. Diarrea del viajero (DV). Actualmente la evidencia es insuficiente para recomendar el uso de probióticos para esta condición.

Prevención de infección por Clostridium difficile (ICD), y prevención de recurrencia. Actualmente no hay evidencia del beneficio del uso de probióticos para el tratamiento de la ICD. Sin embargo, la evidencia apoya el uso de probióticos para prevención de ICD y prevención de recurrencias. Diarrea inducida por radioterapia. Tres revisiones sistemáticas evaluaron el efecto de los probióticos en enteritis post-radioterapia, en dos de ellas no hubo diferencias entre grupos y los resultados fueron heterogéneos. Coadyuvante en erradicación de Helicobacter pylori (HP). Hasta el momento la evidencia de mejoría en las tasas de erradicación al agregar probióticos es limitada.

Enteropatía por anti-inflamatorios no esteroideos (AINE). Se ha sugerido que al modular la microbiota con probióticos se puede prevenir el daño por AINE. Un EC demostró que la administración de VSL-3 disminuyó los niveles de calprotectina fecal comparada con el grupo placebo en pacientes que recibieron indometacina por 21 días. En otro estudio se demostró que administrar Lactobacillus casei por 3 meses en usuarios crónicos de aspirina protect y omeprazol, produjo en estudios de videocápsula endoscópica menor número de rupturas mucosas y puntaje de daño mucoso que el grupo control.

Síndrome de intestino irritable. Existe consenso de que la administración de probióticos específicos mejora la percepción global de los síntomas en SII, según lo demuestran diversas revisiones sistémicas con metaanálisis. Algunas de estas revisiones evaluaron además el efecto de los probióticos sobre síntomas particulares, observando que algunas cepas específicas mejoran dolor, distensión abdominal y flatulencias en el SII. Al momento actual, la mayor evidencia de mejoría sintomática en el SII proviene de probióticos del grupo Bifidobacterium, particularmente Bifidobacterium infantis 35624, Bifidobacterium lactis DN173010, y Bifidobacterium bifidum MIMBb75.

Estreñimiento crónico (EC). La administración de probióticos específicos acelera el tránsito intestinal y aumentan la frecuencia de las evacuaciones, por lo que pueden ser útiles en pacientes tanto adultos como niños con EC. Se han publicado varios metaanálisis que han mostrado su utilidad, y las cepas utilizadas fueron B. lactis HN019, B. lactis DN-173 010, L. casei shirota y E. coli Nissle 1917, o una combinación con B. bifidum, B. lactis, B. longum, L. acidophilus, L. rhamnosus y S. Thermophilus.  Tanto el consenso mexicano de probióticos como el consenso mexicano de estreñimiento crónico recomiendan el uso de cepas específicas de probióticos y algunos simbióticos en adultos con EC y EF.

Intolerancia a lactosa.  La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), concluyó con base en los resultados de 14 EC que la administración de yogurt con cultivos vivos de L. delbrueckii subespecie bulgaricus y S. thermophilus eran de utilidad para mejorar la digestión de lactosa en pacientes susceptibles.

Enfermedad diverticular no complicada sintomática (EDNCS). Hasta el momento no existe evidencia para recomendar el uso de probióticos para prevenir o tratar diverticulitis aguda, ni para prevenir recurrencias.

Enfermedad inflamatoria intestinal (EEI). Hasta el momento, la terapia con probióticos no ha mostrado ser efectiva en la inducción o mantenimiento de remisión en EC. Sin embargo, algunas cepas han mostrado ser útiles en la inducción y mantenimiento de la remisión en CUCI con actividad leve a moderada. Los probióticos han mostrado ser efectivos para inducción y mantenimiento de remisión en pouchitis.

Encefalopatía hepática. Los probióticos mejor evaluados en los EC incluidos en algunos metaanálisis son VSL#3 y combinaciones de S. thermophilus con L. casei, L. bulgaricus y L. acidophilus, con efecto mayor en la mejoría sobre HE mínima y profilaxis primaria de HE mínima y secundaria de HE clínica.

Enfermedad hepática grasa no alcohólica (EHGNA). Los probióticos han sido evaluados como parte del armamento para tratar la EHGNA, aunque la evidencia apenas está surgiendo.